Nos están matando

Disculpen las molestias, pero nos están matando. Cuando hablamos de violencia machista, y es triste tener que seguir explicándolo, no hablamos solo de asesinatos a manos de las parejas o exparejas sentimentales. La violencia contra las mujeres va mucho más allá, es real y simbólica. La Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género sigue teniendo una visión restrictiva de esta horrible realidad. El acoso callejero, las agresiones sexuales, la constante cosificación de nuestros cuerpos… ¿acaso no son también muestras de violencia machista contra las mujeres? Gran parte de esas violencias están tan naturalizadas, tan arraigadas social y culturalmente, que pasan desapercibidas incluso para muchas de nosotras y nosotros. El patriarcado ha hecho bien su trabajo. Vivimos en una sociedad profundamente machista a pesar de todas las conquistas que la lucha feminista ha ido consiguiendo a lo largo de la historia. Falta absoluta de educación en igualdad y de voluntad política. Vemos que con la reducción de los recursos económicos para luchar contra la violencia machista consiguen que las mujeres presenten menos denuncias por el miedo a las represalias de los agresores. ¿Y aún nos siguen hablando de denuncias falsas  y de hombres maltratados? La sociedad relega a un segundo plano a la mitad de su población y la consecuencia inmediata de la falta de educación en igualdad, de la publicidad sexista y un largo etcétera es la violencia. Es necesario combatir el machismo día a día, reivindicar la lucha por la igualdad como algo imprescindible y transversal. Porque todos los días son 25 de noviembre y 8 de marzo, sigamos luchando por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, sigamos luchando contra la violencia machista. Porque, disculpen las molestias, pero nos están matando

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