Víctimas de la Industria Farmacéutica

Aparentemente la industria farmacéutica tiene como objetivo fundamental mejorar la salud de la población. Pero ésta no es su preocupación esencial sino sólo la máscara tras la que esconde su objetivo primordial: “el negocio de la salud”, su gran negocio. Y que realizan a la perfección, pues actualmente la industria farmacéutica es la más lucrativa de cuantas actividades económicas se desarrollan en el mundo.

La industria farmacéutica, como cualquier otra actividad económica productiva enmarcada en un sistema de producción capitalista, como el nuestro, se realiza esencialmente para generar beneficios, a través de la producción y posterior venta de bienes de consumo. En este caso son los medicamentos, también sometidos como otros bienes a las leyes del mercado de la oferta y de la demanda. Ésto sería completamente normal, si no fuera porque el afán de lucro impregna y contamina toda la actividad productiva de los medicamentos, desde su investigación y desarrollo hasta su comercialización. Y estos beneficios dejan de ser legítimos y devienen en inmorales pues son el resultado de la manipulación de las leyes del mercado en aras únicamente de su beneficio económico; supeditando a éste incluso la salud de la población, que pasa a un segundo plano cuando debiera ser su principal objetivo.

En efecto, vemos cada día como las grandes compañías farmacéuticas sólo investigan y desarrollan aquellos medicamentos que mayor beneficio económico puedan generales. Así, abandonan la investigación de los problemas de salud de la inmensa mayoría de la población mundial que sumida en una paupérrima situación económica deja de interesarles, incapaces de adquirir ese bien de consumo que son sus medicamentos. Igualmente, en aras del lucro no se dedican a crear medicamentos realmente innovadores sino “supuestos nuevos medicamentos” (medicamentos “me-too”) que investigan y desarrollan en menos tiempo, generándoles menos gastos de producción; al tiempo que les permiten una comercialización y beneficios más rápidos. Aunque para promocionarlos nunca cuenten la verdad.

Por otro lado, la “Big Pharma” influye sobre la demanda. Manipulan a la población generándole nuevas preocupaciones o necesidades muchas veces irreales. Y sobre todo, actúan sobre los profesionales sanitarios que son víctimas de una ingente campaña de marketing, a la que dedican más capital que a la propia investigación. Generando un colectivo profesional muy manipulado al que se le influye tanto en su forma de pensar como en sus conocimientos objetivos: modificando los criterios diagnósticos de enfermedades conocidas, inventando nuevas enfermedades, “descubriendo” nuevas indicaciones para antiguos medicamentos, obstaculizando la información veraz o manipulando la información que llega a los profesionales. Resultando una “sociedad medicalizada”.

Toda una actividad, muchas veces inmoral y otras, incluso ilegal y delictiva; por la que la justicia les ha condenado en múltiples ocasiones. Y todo en aras del afán de lucro, objetivo único y fundamental de cada una de las grandes compañías farmacéuticas que responden a los intereses de sus accionistas antes que a los intereses generales de la sociedad. Supeditando el interés público al interés privado.

Una adecuada formación médica, independiente, es la herramienta fundamental e imprescindible para enfrentarnos a esta situación. Siempre y cuando esta preparación luego se refleje en una prescripción ética.

Dr. LUIS LÓPEZ RODRÍGUEZ
Doctor en Medicina (Universidad de Córdoba)
Máster en Administración de Servicios de Salud (I.S.C.M. La Habana. Cuba)
Médico de la U.G.C de Ejido Norte. Distrito de Poniente

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