Violencia contra las Mujeres

No olvidemos que en nuestros pueblos también existen “machitos” que piensan que pueden humillar, golpear y vejar a otra persona por el único «delito» de compartir casa con ellos o simplemente quererles. Por eso decimos basta ya de brutalidad y esclavitud, seamos valientes y denunciemos los maltratos.

Este año hemos podido observar el aumento de las desigualdades sociales; la crisis económica provocada por el sistema capitalista, está generando una clase social cada vez más empobrecida y sometida a los vaivenes de los mercados financieros. Estas diferencias económicas y desigualdades se acentúan muchísimo más en las mujeres, ya que son éstas las que están sufriendo directamente un duro golpe contra las conquistas aparentemente consolidadas.

Con el pretexto del ahorro (los famosos recortes) se están eliminando los organismos de igualdad en todos los ámbitos territoriales, se han disminuido de facto las inversiones destinadas a políticas específicas y las escasas políticas de empleo se han centrado en trabajos masculinizados, mientras se potencia el trabajo a tiempo parcial –protagonizado mayoritariamente por mujeres- y aumenta la brecha salarial entre mujeres y hombres.

La violencia ejercida contra las mujeres es un mal estructural de una sociedad sin respeto ni conciencia de los valores de igualdad, pero cuando una sociedad sufre ataques en su ya débil estructura de bienestar, como ahora está ocurriendo, la violencia alcanza cuotas vergonzantes  tanto en el aumento de sus víctimas como en las formas que adopta.
Así comprobamos que ha aumentado de forma brutal la cantidad de mujeres asesinadas y la violencia física y psíquica, no pudiendo olvidar también la violencia económica que se ensaña con las mujeres con la complicidad de los distintos gobiernos.

La vuelta al hogar, a los cuidados  y la recuperación patriarcal de los roles sexistas, son señas de identidad de esta nueva y catastrófica etapa.
Se sigue sin reconocer la contribución de la mujer en ninguna de las facetas sociales y tampoco se cuantifica económicamente su trabajo.
Además el miedo a la inestabilidad económica está mermando la capacidad de decisión de las mujeres,  que soportan situaciones personales y laborales propias de otras épocas históricas que parecían superadas, mientras estamos padeciendo una rapidísima feminización de la pobreza más absoluta.